AA042
Langeac, Francia
Encargo
Vivienda unifamiliar

La vida doméstica es un hilo continuo de actividad. Una secuencia de sucesos en la que se pasa de hacer una cosa a hacer otra de manera continua, sin interrupción. No es un conjunto de actividades separadas sino su conexión.
Me levanto y miro por la ventana. Salgo a cortar algo de leña. Vuelvo a casa y me doy una ducha. Después preparo el desayuno y a continuación escribo durante media hora. Recuerdo que tengo que ir al pueblo. Vuelvo porque tengo un paciente. Se va y puedo leer durante un rato. Preparo la comida. Duermo. Salgo a pasear…
El habitar no debería ser una cuestión estática o matérica, sino aquella capaz de introducir las dinámicas propias del discurrir de los días. Lejos de entender una casa como un conjunto de compartimentos estancos que tienen un nombre que les da sentido: dormitorio, cocina, salón, baño… nosotros entendemos la casa como una secuencia de actividades y su flujo continuo, su devenir.
Para ello, una casa en el campo, en un entorno de baja densidad pero de paisaje intenso, debe ser rica en encuentros con dicho paisaje. Encuentros de carácter espontáneo, que se adaptan a la naturalidad de los movimientos y nos conectan y desconectan visualmente con el entorno inmediato.
La Casa de tierra es resultado del híbrido entre una organización reticular —cuya regla podemos leer, que nos obliga a crear escenarios efímeros—, y una organización azarosa —que tiene una regla desconocida pero que nos regala escenarios diversos—. Híbrido entre la chopera reticular y los arbustos del río.
Nos preguntamos por los elementos con los que construir. Queremos que sean sencillos y comprensibles. Que no escondan lo que está pasando, que no nos separen radicalmente del mundo, que sean elementales pero capaces de la complejidad, que cumplan múltiples funciones a la vez. Bastan dos muros en los que apoya una cubierta que nos protege. Muros que almacenen la energía producida por nosotros mismos, energía extraída de la naturaleza, de la propia tierra, y a la vez respiran.
Una superposición de planos llena el interior de imágenes distintas del entorno inmediato, y así el límite que separa el interior del exterior se difumina, las líneas se doblan y el espacio se llena de diagonales. El punto de vista es constantemente manipulado y, conforme pasan las horas, la luz nos hace preguntarnos si la casa es la misma. Desde el exterior no queda claro si se trata de una casa o la agregación de varias. Controlamos el perímetro pero por adición, y la percepción que tenemos de sus límites es ambigua.
Querríamos llegar a definir una vivienda en un desierto pero, lejos de responder con otro desierto, lo hacemos con un bosque de reglas extrañas, un laberinto que fuera plenamente consciente de la necesidad constante de sorpresa, atendiendo a la tierra en la que se encuentra.








